Formación:
Curso
Localización:
Madrid
Precio:
A consultar

Presentación

Tratar hoy la espinosa cuestión de la ética en los mercados resulta casi paradójico y obligado a un tiempo. Paradójico, porque en la idea de ética (y no digamos la noción de moral) parece encerrarse la antítesis de los propósitos del mercado, concebido como espacio de encuentro de oferentes y demandantes, naturalmente ávidos de maximizar su beneficio.

Y en los mercados de capitales aún parece esta afirmación más exacta, considerando la tradición de las Bolsas y otros centros de contratación de valores como reducto de la especulación más despiadada.

La actualidad del tema no puede ponerse en tela de juicio, cuando recientemente en España y en el ámbito mundial se han disparado durante 2001 y 2002 todas las alarmas sociales y políticas. En el caso español, sobre todo, con ocasión del tristemente famoso affaire Gescartera, en la picota de la actualidad mediática del verano y otoño de 2001 casi ininterrumpidamente.

Y, en el plano internacional, con la quiebra de algunas empresas, como Worldcom, y especialmente, con la bancarrota del energy broker ENRON, que ha arruinado o perjudicado seriamente el patrimonio no sólo de cientos de empresarios y trabajadores, sino el de millones de inversores en todo el mundo. Pero no es necesaria la quiebra o la expulsión del mercado de una empresa para arruinar a un inversor; el mercado de capitales posee esa «virtud» sin necesidad de llegar a este extremo.

Se calcula, por ejemplo, que en España unos ocho millones de personas (el 20% de la población) se encuentran comprometidos por serias pérdidas emanadas del crash bursátil (octubre 2000-octubre de 2002), la mitad de los cuales ha sufrido el efecto de la caída de la tecnológica TERRA (y de ahí que se hable irónicamente de «enterrados» para designar a los perjudicados).

En este contexto de enriquecimiento de algunos iniciados o «insiders» (por ejemplo, administradores desleales de sociedades cotizadas, gestores y directivos que ejercen sus cargos con manifiesto abuso de su posición informativa dominante, e «insider traders» y manipuladores privados de los precios bursátiles de diversa condición), lo cierto es que a la mayoría de los inversores burlados puede resultarles irónico, cuando no un ejercicio de desaprensión, hablar de ética o de comportamientos ortodoxos en mercados como los de capitales.

Y, sin embargo, realizar ese ejercicio es tarea obligada, en la medida en que resulta menester, en el estado actual de cosas, averiguar la fundamentación ética del obrar cotidiano de quienes participan en el mercado o, si se prefiere, en los mercados de valores, de una parte, y, de otra, en la medida en que el conocimiento de esos fundamentos es condición indispensable para prevenir esas conductas, lograr una legislación más racional y efectiva contra los abusos, fomentar políticas gubernativas congruentes al respecto, reducir los conflictos de intereses entre los agentes sociales y centros económicos involucrados y desarrollar mecanismos privados de prudencia o cautela en el inversor medio.

Una vez más cabría argüir aquello de «Nihil novum sub sole», cuando se recuerda que la incandescencia de los problemas legales y políticos aparejados al control ético y moral de la actividad del mercado de valores, tanto profesional como no profesional, se remonta a los orígenes de las Bolsas de Comercio, allá por el segundo tercio del XVII, cuando se organizaron centros de comercio de acciones y otros títulos-valor en Amberes y Amsterdam, entre otras plazas históricas, para dar impulso nuevo a la circulación de la riqueza mobiliaria y, en particular, facilitar el éxito de los proyectos empresariales de mayor tamaño. Ahora bien, en el caso español, a diferencia, por ejemplo, del estadounidense, donde se vivió una gran tensión social a consecuencia del «Wall Street crash» en 1929, puede afirmarse, sin lugar a dudas, que la atención dispensada por los profesionales, y aún por los estudiosos, al tejido ético y moral de la actividad del mercado de valores ha sido más bien escasa hasta épocas recientes. Lo cual prueba que la naturaleza de los problemas filosóficos y éticos (y, sobre todo, su dimensión social) es hoy sensiblemente distinta de la que corresponde a las Bolsas que heredamos de la tradición financiera moderna del Norte de Europa y, en el plano legislativo, de los códigos napoleónicos.

Esto es así porque, de una parte, los emisores de valores se encontraban tradicionalmente retraídos, tanto en España como en los demás países de nuestro entorno, a la hora de suministrar datos relevantes al público ahorrador, cuya condición de capitalista, naturalmente desinformado, parecía asumirse como consecuencia natural del secreto profesional de industriales y banqueros.

Y porque, de otra, los propios emisores, ávidos de financiación a bajo coste, podían encontrar fondos bastantes recurriendo al mercado crediticio, al margen de las Bolsas, restringiendo considerablemente el flujo de información relativa a sus estrategias de negocio, sus operaciones y sus expectativas de crecimiento en los mercados de bienes y servicios.

El desarrollo de una nueva sensibilidad social hacia la difusión pública de la información vital para los inversores, el triunfo normativo del paradigma de la transparencia y el incremento de los controles administrativos y parlamentarios sobre la actividad mercantil y sobre la tributación y la contabilidad de las sociedades han propiciado un caldo de cultivo para la nueva regulación sobre las conductas específicas de los propios emisores, a la hora de situar sus ofertas de títulos en el mercado y también a la hora de actualizar los datos sobre sus expectativas de futuro, esenciales para la formación de los precios en el mercado secundario. De otra parte, los inversores han recurrido, en los últimos años de forma masiva, al mercado de capitales para colocar sus excedentes moneratios. Esta suerte de socialización de las inversiones en el mercado de valores viene de la mano de un considerable incremento de lo que se ha dado en llamar «cultura financiera popular», así como de la concienciación sobre la necesidad de consumir productos financieros con vistas a consolidar las rentas futuras, especialmente a través de fondos de inversión y de pensiones. Productos éstos cuya expansión durante la última década del siglo precedente ha potenciado, a su vez, el crecimiento de la participación directa del público en las Bolsas especialmente, en detrimento de los modos clásicos de ahorro bancario.

La mayor sofisticación de los inversores plantea hoy cuestiones éticas de hondo calado, como las referentes a la eventual necesidad de separar o segmentar la normativa de control aplicable según los ahorradores, o la conveniencia de informar debidamente al inversor sobre las estrategias empresariales como medio necesario (aunque no siempre suficiente) para conseguir la debida transparencia.

Pero donde radica el núcleo de los debates políticos, sociológicos y morales en torno a los comportamientos producidos en el mercado de capitales es, sin duda, en el terreno de la actividad de los profesionales, esto es, de los intermediarios o mediadores («brokers»), que actúan entre sujetos financiadores (inversores) y financiados (emisores). La legislación comunitaria en vigor, con plena conciencia de su profesionalidad y de la necesidad de unos controles públicos adecuados y eficaces, llama a los mediadores «empresas de servicios de inversión», expresión mucho más certera que la abreviada «empresas de inversión», al uso por algunos mass media, por cuanto ésta olvida el carácter de servicio que prestan los mediadores y gestores de carteras, y porque, además, puede inducir a una indeseable confusión entre intermediarios e inversores (las empresas de inversión son inversores a su vez), e incluso, en el seno de este último grupo, entre inversores pequeños e inversores sofisticados.

Muchos de éstos son, precisamente, las empresas a las que propiamente debe calificarse como de servicios, por cuanto las operaciones que realizan en el mercado profesionalmente sirven, en última instancia, a los intereses de los protagonistas finales del mercado, empresas financiadas y ahorradores financiadores, especialmente familias.

La gama de cuestiones éticas sobre la intermediación profesional debe extenderse hoy a la actividad de las llamadas «Gestoras de Cartera» (antes de Patrimonios), que han aparecido junto a los clásicos «brokers» o comisionistas (hoy Sociedades y Agencias de Valores). La actividad de estas Gestoras, como la de las llamadas «Gestoras de Fondos», debe ser, en ciertos aspectos, precisamente derivados de la naturaleza de su actividad de asesoramiento e información a los clientes, mucho más ética que la de un simple intermediario de compra o de venta.

Tampoco debe permanecer ajeno al observador de los mercados la circunstancia de que la bancarización del mercado de valores, sistema por cuya virtud se permite a las entidades de crédito tradicionales acceder directamente a la prestación de servicios de inversión si cumplen ciertas condiciones, modula la cultura y el estilo de comportamiento de los intermediarios de mayor tamaño, derivándolos hacia las formas y procedimientos usuales en la Banca, lo que permite un análisis separado o sesgado, incluso, de la actuación propia de las empresas de inversión bancarias y no bancarias. En el seno de éstas es quizá donde se están cometiendo mayores abusos e irregularidades, a las que el legislador y las autoridades de supervisión no pueden permanecer ajenos. Baste recordar que GESCARTERA, primero Gestora de Carteras y después Agencia de Valores, representa un auténtico compendio de comportamientos antijurídicos y antiéticos.

Y así otros tantos «chiringuitos» financieros. Lo cual no supone que de la Banca tradicional estén ausentes las actuaciones fraudulentas; baste recordar crisis como las de BANESTO en España, SUMITOMO en Japón, o BANK OF AMERICA y SECURITY PACIFIC en Estados Unidos. El debate general en torno a la ética del mercado de valores o capitales se expande así hacia el terreno del debate global sobre otros mercados financieros, incluyendo los de seguros, los de fondos de inversión y los monetarios y de divisas.

Resumen. Este Curso se propone el estudio sistemático de las cuestiones éticas que afectan al funcionamiento de las instituciones y al comportamiento personal de profesionales y particulares que acuden a él a realizar sus transacciones. Para lograrlo, será imprescindible un estudio suficiente de aquellas instituciones (mercados, sujetos de mercado, valores y servicios de inversión; véase más abajo, módulo I), y de sus presupuestos conceptuales (transparencia, eficiencia; véase módulo II). Desde una perspectiva absolutamente práctica se examinan los atentados contra la transparencia y la eficiencia, y, en definitiva, contra la integridad en el mercado (módulo III), antes de abordar el análisis propiamente filosófico del mercado, en sus vertientes general y aplicada (módulos IV y V), para concluir con algunos temas de cierre a modo de síntesis final (módulo VI).

Programa

Módulo I. CONCEPTOS SOBRE BOLSA Y MERCADO DE CAPITALES
  1. Sistema financiero: funciones y elementos
  2. Mercados financieros: taxonomía
  3. Agentes sociales y económicos del mercado
  4. Conflictos de interés: un problema ético
  5. Instrumentos financieros
  6. Servicios de inversión y operaciones del mercado de capitales
Módulo II. TRANSPARENCIA Y EFICIENCIA EN LOS MERCADOS DE CAPITALES
  1. Funciones económicas y funciones sociales de los mercados de capitales
  2. Transparencia, eficiencia y formación del precio en los mercados abiertos
  3. Bolsa y precio bursátil: ¿mercado perfecto?
  4. Un problema económico y ético: crisis de eficiencia en los mercados de valores
  5. Un problema legal y ético: crisis de transparencia en los mercados de capitales
  6. El concepto de valor en Bolsa y en la empresa cotizada
  7. Ética, gobierno corporativo y creación de valor
  8. Value Gaps, medición de valor y fallos de mercado
  9. El cierre de los value gaps y la responsabilidad legal y moral de los emisores
  10. Transparencia y juridicidad del mercado
  11. Transparencia y economía de mercado
  12. Transparencia y ética de mercado
  13. Transparencia, Gobiernos nacionales, política legal y Ley Financiera
  14. Transparencia, market marketing, publicidad y víctimas publicitarias
  15. Escándalos financieros en España: consideraciones éticas
  16. Escándalos financieros internacionales: consideraciones éticas
  17. Transparencia y superación ética y legal de la crisis del mercado de valores
Módulo III. ATENTADOS CONTRA LA INTEGRIDAD DEL MERCADO DE CAPITALES
  1. Autonomía de la voluntad y abuso de mercado
  2. El concepto de abuso de mercado en el mercado de capitales
  3. El abuso de mercado en Estados Unidos y en la Unión Europea
  4. Fundamentación del control legal del abuso de mercado
  5. Abuso de oportunidades de negocio y gobierno corporativo
  6. Abuso de oportunidades de negocio y stock options
  7. Abuso de oportunidades de negocio y abuso en el mercado de valores
  8. Broker frontrunning. Self frontrunning. Fundamento de su prohibición legal
  9. Market churning. La teoría del charlatán
  10. Insider trading. Represión penal y sanción estatal
  11. Manipulación de cambios en la Bolsa. El cuidado de la cotización
  12. Manipulación de precio en el mercado de valores. Otras modalidades
  13. Manipulación de precio en el mercado de valores. Reflexión ética
  14. Manipulación de precio en el mercado de valores. Soluciones legales
Módulo IV. FILOSOFÍA DEL MERCADO DE CAPITALES

    Tema 38. Modelos filosóficos fundamentantes de la eficiencia en el mercado de valores

  1. Modelos filosóficos fundamentantes de la transparencia en el mercado de valores
  2. La integridad del mercado de valores como concepto moral
  3. Integridad del mercado y consenso social
  4. Ética del mercado de valores y valores éticos de la sociedad de la información
  5. Ética del mercado de valores y market guardians
  6. Ética del mercado de valores y valores morales en la sociedad cotizada
  7. Globalización, responsabilidad social de la empresa y neoética de mercado
  8. Inversiones socialmente responsables y mercados de valores sostenibles
Módulo V. ÉTICA APLICADA AL MERCADO DE CAPITALES
  1. Utilidad legal y social del concepto de integridad en el mercado de capitales
  2. Razones morales para vetar el abuso de oportunidades de negocio
  3. Fundamento del veto moral a la anteposición del broker
  4. El dilema moral entre el secreto empresarial y la transparencia: chinese walls
  5. Reprochabilidad ética del insider trader y punibilidad legal
  6. Churners y outperforming sellers: distinción moral
  7. Cuidadores y creadores de mercado. Límites éticos de su actuación profesional
  8. Autorregulación, códigos de conducta y ética de mercado
  9. Heteronormación y crisis deontológica
  10. Asociaciones, fundaciones y ética del mercado de capitales
MÓDULO VI: RECAPITULACIÓN
  1. Sentido epistemológico de la noción de ética en el mercado de capitales
  2. La doble moral de los mercados de valores
  3. Conducta profesional legal y conducta moral en el mercado de capitales: síntesis
  4. La ética y los mercados financieros del siglo XXI

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